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El invierno es, sin duda, una de las épocas más comprometidas para conducir, pues una gran mayoría de sus fenómenos climáticos asociados -lluvia, nieve, viento fuerte, niebla y todos sus derivados- afectan a la visibilidad, a la circulación o ambas a la vez. De ahí que, en fechas como éstas, afloren siempre los mismos consejos, entre ellos el de procurar circular con el depósito de combustible lo más lleno posible.
¿Pero nos ha explicado alguien, alguna vez, qué razones hay para hacer caso a este consejo? Como suele ocurrir con tantas y tantas recomendaciones ya popularizadas, la respuesta bien podría ser no. Pero cargar nuestro coche a tope de gasolina -o gasóleo- tiene sus ventajas, y aquí vamos a intentar explicarlas.
La ventaja principal: proteger el sistema de combustible
Por lo general, tendemos a pensar que el depósito de combustible de nuestro coche es una cámara perfectamente hermética donde todo es inalterable en su interior. Y nada más lejos de la realidad: aun lleno, existe siempre una cierta parte vacía donde se alojan los gases que emanan del propio combustible, y que tienden a ocupar progresivamente más espacio conforme el tanque se vacía.
Sin embargo, en invierno, las temperaturas extremadamente bajas pueden dar pie a que, además de esos gases, se acumule hielo en esa cara interior y vacía del tanque. Un hielo que, al condensarse con algo de calor, se transforma en agua que puede pasar del tanque de combustible a la bomba, el sistema de inyección -o carburador- y, finalmente, a los cilindros del motor, pudiendo provocar toda clase de fallos desde la obstrucción de conductos y filtros hasta pérdidas de rendimiento.
Por ello, cuanto más lleno llevemos el depósito, menos espacio dejaremos para que se forme este hielo tan dañino.
Asimismo, circular con el depósito lleno tiene un componente psicológico muy beneficioso, pues aporta tranquilidad al conducir, sobre todo cuando entra en escena la climatología adversa y nuestros trayectos se alargan más de lo habitual. Incluso, en el caso extremo de quedarnos atascados sin poder avanzar por la nieve, un depósito lleno permite administrar durante más tiempo la calefacción con el motor en marcha.
Por último, y aunque sólo aplicaría en el caso de vehículos todoterreno y modelos con propulsión en las ruedas traseras -generalmente antiguos-, un tanque lleno comporta un peso extra que, aplicado sobre el eje posterior, puede otorgarnos ese plus de motricidad que necesitamos para avanzar sobre nieve o hielo.
La bola extra: los eléctricos, también mejor al 100%
Este consejo clásico, como hemos podido ver, se apoya en buenas razones, pero ciertamente deja fuera a los coches eléctricos, que cada vez están más presentes. No obstante, salvando la distancia tecnológica, puede aplicarse igualmente.
Y es que, como es bien sabido, el frío extremo ralentiza las reacciones químicas que generan la electricidad dentro de las baterías por lo que, si el vehículo no dispone de un sistema de climatización dedicado a la batería, su autonomía se puede ver sensiblemente reducida e, incluso, descargarse súbitamente si su nivel de carga está por debajo del 20%. Por ello, mantenerlo lo más cerca posible del 100% -o, mejor aún, del 80% siempre aconsejable- nos ahorrará potenciales disgustos.









