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No, no lo decimos por Carlos Sainz ni Lucas Cruz. Tampoco por Cristina Gutiérrez. Nacionalismos aparte, ellos, simplemente, fueron un valor añadido de un Dakar que ha vuelto a enganchar a un público previamente desencantado con la autoreconocida prueba de Rally más dura del mundo. En su momento sí lo fue y en 2024 ha presentado su candidatura a volver a serlo. Quién lo diría.
Dakar 2024: el mejor Rally de los últimos tiempos
Quienes seguimos el Dakar desde hace un largo período de tiempo, incluso quienes se han informado de su historia y de todas las ediciones, partíamos con pocas esperanzas antes de iniciar la quinta prueba Dakariana en el desierto saudí. La sorpresa fue mayúscula cuando, al poco de comenzar la 46ª edición, el director David Castera nos sorprendió gratamente, después de tantas decepciones acumuladas en los últimos años.
Más allá de la presencia de la FIA, que trajo consigo uno de los mayores atentados contra el espíritu original del Dakar, es decir, la entrada de etapas 'al sprint' y la posibilidad de reengancharse a la prueba a pesar de no completar las jornadas especiales (entre otras múltiples decisiones discutibles), la realidad es que 2024 ha contentado a muchos escépticos.
Castera avisó: había que darle tiempo a Arabia Saudí. Y, ciertamente, se le concedió demasiado margen de error. Tal vez por los petrodólares. No obstante, el organizador tuvo razón. A buenas horas, mangas verdes, pero nunca es tarde si la dicha es buena.
El Dakar 2024 ha tenido de todo: un recorrido más amplio, etapas maratones y menos kilometraje recortado, además de una climatología respetable, una mayor explotación del terreno saudí como la nueva Crono 48 Horas disputada en el famoso 'Empty Quarter' y que resultó fundamental para el devenir de la prueba, un duelo legendario entre las leyendas Loeb y Sainz, y un desenlace dramático y épico a partes iguales.
La dureza ha regresado al Dakar. Tal vez en dosis reducidas en comparación con los antiguos Dakares vinculados de manera férrea con la mentalidad de su ideólogo Thierry Sabine. Pero es cierto. La navegación ha cobrado más importancia que la velocidad, a diferencia de ediciones anteriores en la península arábiga. De ahí que Lucas Cruz haya sido el héroe sin capa de este Rally.
Sigamos con más argumentos: las etapas han sido más maratonianas como antaño. Además, se han resuelto las lagunas en los roadbooks y waypoints que decidieron Dakares previos a las primeras de cambio (recordemos la primera etapa de 2022 donde sólo Al-Attiyah y Loeb se salvaron de una criba colosal).
En adición, la selección de un terreno más pedregoso ha supuesto que el Dakar 2024 sea recordado como una de las ediciones con más pinchazos en la historia reciente: hasta los ganadores en la categoría de coches, Carlos y Lucas, han sufrido, al menos, un pinchazo de media por etapa a bordo de su ya icónico Audi RS Q e-tron E2.
El colofón fue la batalla cercana por el triunfo general entre Loeb y Sainz durante la segunda semana de competición. Las dos leyendas del WRC se enfrentaron cara a cara en un duelo del que hemos disfrutado todos los aficionados y que pasará a la historia, como la dramática victoria final de Cristina Gutiérrez en Challenger, a costa del infierno sufrido por Mitch Guthrie en los kilómetros finales y la descalificación inesperada (y no exenta de polémica) del dominador de la categoría, el joven polaco Eryk Goczal y su copiloto español Oriol Mena.
Así que efectivamente, amigos: el Dakar ha vuelto a ser divertido años después y no por el éxito español, precisamente. Si no por incontables factores que, en su conjunto, ha facilitado que Arabia Saudí por fin haya protagonizado un Dakar en condiciones. A la quinta fue la vencida. Ahora bien, Castera, no bajes el listón de nuevo. En 2025, más y esperemos que mejor todavía.



















