El propio Fernando Alonso ha reconocido esta tarde en Albert Park que no luchaba por una pole real desde hacía 10 temporadas. Suena vertiginoso, ¿verdad? Él mismo se encargó de recordarnos semana tras semana su entusiasmo por el nuevo A522 y el español, en cierto modo, tenía razón. Aunque la fiabilidad sigue siendo la kriptonita del equipo galo.
Lo que pudo ser y no fue
Alpine rompió el corazón de millones de aficionados durante la mañana del sábado en España. El bicampeón del mundo, por primera vez en muchísimo tiempo, estaba en condiciones de poder pelear por la 23ª pole position de su trayectoria deportiva en la Fórmula 1. Dio esperanzas con el primer verde, levantó a muchos del sofá con el morado intermedio y... La estructura francesa nos dejó con la miel en los labios.
El accidente de la curva 11 se debió a un problema hidráulico, no a un fallo del propio Fernando. El monoplaza no quiso bajar de la cuarta marcha y Alonso se fue directo a la grava y a las protecciones de Albert Park. Todo esto cuando el asturiano se encaminaba hacia la primera pole desde Alemania 2012.
A falta de cuatro curvas, el español había marcado el récord del segundo sector, sacándole una décima a Sainz y dos décimas al piloto más rápido del sábado, Charles Leclerc. Además, en el primer sector igualó la décima del monegasco y fue superior a Carlos. Siempre nos quedaremos con la incógnita de qué habría pasado en el último tramo del circuito, aunque en Car and Driver podemos realizar una pequeña interpretación.
El tercer sector: el punto débil de Alpine
Alonso se defendía en los primeros microsectores y volaba en la contrarrecta de Melbourne. Sin embargo, toda la ventaja la perdía, usualmente, en el sector final. Y no, no nos referimos a una décima o dos, ni tampoco a medio segundo. Estamos hablando de que el mejor tercer sector de Alonso durante la sesión clasificatoria (34.020) estaba a siete décimas del registro de Leclerc en dicha sección (33.342).
Haciendo cuentas, Fernando tal vez habría acabado su intento de Q3 a medio segundo del crono del monegasco, lo cual no deja de ser bueno, pero desmiente, en parte, la teoría de que Alonso habría logrado ser el piloto más rápido en Australia.
En todo caso, solo podemos hacer cábalas. Nunca sabremos qué habría ocurrido porque no tenemos una bola de cristal. Atendiendo a los números, quizá el cuarto puesto era el lugar que le correspondía al de Alpine. No obstante, únicamente queda una cosa clara: Alonso ha despertado la ilusión de la afición de nuevo. El mago ha utilizado su varita. Tan solo falta que la unidad de potencia no le interrumpa de nuevo la función.















