El embudo de la Fórmula 1 vuelve a atascarse para las jóvenes promesas e incluso para pilotos con renombre asentados en el Gran Circo que se les ha privado de seguir compitiendo al máximo nivel. Y no, no es casual, sino algo cíclico en un deporte en el que solo pueden competir 20 atletas y obliga al resto a redirigir sus trayectorias, por mucho talento que hayan demostrado en disciplinas inferiores o en el pasado en la F1.
IndyCar, la alternativa preferida
Solo en un año, dos pilotos que competían en 2020 en Fórmula 1, Romain Grosjean y Kevin Magnussen, han probado fortuna en el otro lado del charco. Del mismo modo, otros dos pilotos con recientes trayectorias en el campeonato controlado por Liberty Media y por Stefano Domenicali, han sido fuertemente vinculados con la IndyCar. Hablamos en concreto de Alexander Albon y de Nico Hülkenberg.
Más allá de los pilotos con experiencia en F1, grandes nombres de la Fórmula 2 y de la GP2 se han visto expulsados del círculo europeizado del Gran Circo debido a la falta de asientos vacantes en la máxima categoría.
Sin ir más lejos, el último lustro ha estado caracterizado por la enorme cantidad de pilotos de GP2 / F2, o de otras categorías de promoción, que han probado fortuna en campeonatos de Resistencia, en turismos e incluso la Fórmula E. Muchos de estos nombres han logrado triunfar fuera de la órbita de la Fórmula 1.
Para ser breves, no diremos todos, pero sí unos cuantos: Sam Bird, António Félix da Costa, Maximilian Günther, Oliver Rowland, Mitch Evans, Pietro Fittipaldi, Norman Nato, Raffaele Marciello, Felix Rosenqvist, Daniel Juncadella, Roberto Merhi, Àlex Palou... Y un larguísimo etcétera.
El efecto contagio de Lundgaard
La última fuga de cerebro aparentemente es la protagonizada por Christian Lundgaard, piloto de Fórmula 2 con ART y protegido de la academia de Alpine. El joven piloto danés de 20 años se ha visto forzado a debutar en IndyCar con bastante éxito en su primera aparición en Indianápolis. Su distanciamiento con Europa se produce, en gran parte, por la inviabilidad de ascender al equipo oficial de Alpine, puesto que los franceses cuentan a medio y largo plazo con Fernando Alonso y con Esteban Ocon.
Del mismo modo, el que puede ser campeón de la F2 en 2021, Guanyu Zhou, también es piloto de la escuela de Alpine y se puede ver en la misma situación que Lundgaard. Por no hablar de Callum Ilott, subcampeón de dicho certamen la temporada pasada, que está completando un programa en turismos a la espera de que Ferrari le ofrezca un asiento en F1, ya sea en Alfa Romeo o en Haas.
La lista de ejemplos es interminable: Jack Aitken, por ejemplo, debutó con Williams en el Gran Premio de Sakhir en 2020, en sustitución de George Russell. El anglo-coreano, con bastante reputación en la F2, que además ha sufrido un grave accidente en las pasadas 24 Horas de Spa, quedando maltrecho del brazo izquierdo, pretende ser el piloto titular de la escudería británica en 2022.
Si Aitken no lo consigue, probablemente se unirá a la numerosa cola de pilotos que han debido olvidarse de la Fórmula 1 para centrar sus carreras deportivas en diferentes proyectos automovilísticos, pero no por ello menos importantes.
El buen nivel de Lundgaard en América, la búsqueda de opciones de Albon y de Hülkenberg más allá de la F1 y los incontables casos de pilotos de categorías inferiores que han visto truncados sus sueños, acentúan de nuevo el problema crónico de la F1: el desperdicio de talento, en ocasiones, reemplazado por ofertas millonarias de padres ricos que quieren colocar a sus hijos en la esfera de la F1 por delante del talento de otros muchos. Ha pasado, pasa y seguirá pasando.






