Advertimos que las escenas que vienen a continuación pueden dañar la sensibilidad del espectador, sobre todo si éste es amante de los deportivos italianos. Una cuadrilla de jóvenes armados con mazas destrozan un precioso Maserati Quattroporte por órdenes de su propio dueño, quien –según indican los medios locales– pagó 423.000 dólares–unos 328.000 euros– por él.
La compra se realizó en 2011 pero el autor intelectual de los hechos, que responde al apellido de Wang, estaba harto de no recibir el servicio de atención al cliente que él consideraba oportuno. Por este motivo decidió hacer público y notorio su enfado en el mejor escenario posible, la puerta de acceso principal al Salón del Automóvil de Qingdao, en la provincia de Shandong (China).
“Espero que los fabricantes extranjeros de coches de lujo reconozcan claramente que los consumidores chinos tienen derecho a recibir un servicio acorde con la marca”, declaró orgulloso Wang a la agencia AFP.
En el vídeo se aprecia con claridad los golpes, abolladuras y destrozos que estos cuatro jóvenes causan en el coche. Son sólo tres minutos aunque se hacen verdaderamente largos.








