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A finales de los 90 y, sobre todo, mediados de los 2000, hubo un auténtico boom por el diésel promovido por el bajísimo coste de este combustible y la eficiencia lograda por estos propulsores (¿recuerdas los reducidos consumos de los HDI, JTD y los TDI?). Por aquel entonces, la práctica totalidad del mercado se propulsaba con motores alimentados por gasóleo; igualito que ahora, ¿verdad? Esa fiebre por el diésel llegó tan adentro en Audi que apostaron fuerte por esta tecnología en competición con el R10 TDI, pero también por llevarla hasta la calle. O casi.
Bajo la premisa de demostrar que el diésel también era ‘juguetón’, crearon un diésel deportivo de muy altas prestaciones que enseñaron al mundo en 2008 en forma conceptual. Nacía así el R8 V12 TDI y su hermano R8 V12 TDI Le Mans. Básicamente eran el mismo coche y se diferenciaban en pequeños elementos de diseño, siendo el Le Mans (color rojo) un poco más agresivo.
La estructura del R8 V12 era la misma del V10, es decir, ambos utilizaban un bastidor de aluminio y el motor se colocaba en posición central trasera longitudinal. Aunque lógicamente se hicieron modificaciones para dar cabida al gigantesco y pesado TDI, como unas entradas de aire más grandes y un techo dividido en dos partes para que la del final ayudara a conducir el aire a los conductos de admisión del V12. Asimismo, se cambiaron el tarado de la suspensión para hacer frente a los kilos de más del V12 y variaron las respuestas de la tracción quattro.
Audi declaró que las prestaciones del V12 eran superiores a las del V10, pues reducía en 0,4 segundos el tiempo en lanzarse desde parado a la barrera de los 100 por hora (de 4,6 s a 4,2 s). La velocidad punta también era bastante superior a 300 km/h, que era la que tenía el V10.
La base del R8 y los diésel en Audi
Finalmente se descartó lanzarlo a producción, ni siquiera en edición limitada, porque rompía con la imagen que se quería transmitir del coupé, además de que ese mismo año explotaba una gran crisis mundial, que se inició en EE.UU. con la caída del banco Lehman Brothers.
Sobre esta primera generación del R8, Audi también desarrolló una variante 100% eléctrica bautizada como e-tron Prototype (2012) cuyo germen conocimos previamente en 2009 con el R8 e-tron Concept. Sin duda, el germen del actual RS e-tron GT, capaz de hacer un 0 a 100 km/h en 2,5 segundos… sin emitir C02.
Al margen, hay que apuntar que el TT de segunda generación también estuvo a la venta con una mecánica de dos litros y 170 CV que evolucionó en la tercera generación a 184 CV (la cuarta ya lo eliminó de su oferta). También podemos hablar de las dos primeras generaciones del A5 que se ofrecía con motorizaciones diésel e, incluso, del estratosférico Q7 V12 TDI, cuyo corazón era el mismo que el de nuestros protagonistas biplazas que nunca llegamos a conducir.




















