El poder público al servicio de lo privado. Así se puede resumir el último movimiento de Elon Musk, quien ha aprovechado su cargo político en la nueva administración Trump para conseguir que se hable una vez más de él. Su forma de actuar y de hablar está pasando factura a las empresas que dirige, entre ellas, Tesla.

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Tesla no vive un buen momento en ningún mercado y en EEUU han comenzado campañas de desprestigio hacia la marca de coches eléctricos (desde pegatinas que muestran su descontento a destrozos en coches y manifestaciones por todo el país). De hecho, las acciones de Tesla caen alrededor de un 50% desde que Musk llegó al poder de EEUU, lo que se traduce en una pérdida de unos 70.000 millones de dólares. Y, aunque no es oficial, se especula con la posibilidad de que próximamente se anuncie una bajada histórica de precios para impulsar las ventas.

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Elon Musk - X//Car and Driver

Todos los Tesla en la Casa Blanca

Antes de que eso suceda, Musk ha montado un auténtico concesionario Tesla en plena Casa Blanca y ha invitado al presidente Trump a hablar bien de sus coches, y lo hace como empresario y como representante del Departamento de Eficiencia Gubernamental que lidera desde enero. Hasta el Pórtico Sur de la Casa Blanca han llegado una unidad de cada uno de los vehículos para particulares que dispone: el Model 3, el Model Y, el Model S, el Model X y el Cybertruck.

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@WhiteHouse//Car and Driver

“Elon Musk está ‘arriesgándose’ para ayudar a nuestra nación, ¡y está haciendo un trabajo fantástico!” es una de las declaraciones que ha dado Trump a la prensa. Y añadió: “Voy a comprar un Tesla nuevo mañana por la mañana como muestra de confianza y apoyo a Elon Musk, un estadounidense realmente bueno”. No hay que olvidar que Musk puso 200 euros de su bolsillo para sufragar la campaña presidencial de Trump.

Musk aprovechó el teatrillo montado en el patio de la Casa Blanca para anunciar que duplicará la producción de Tesla en EEUU para seguir en la línea proteccionista de Trump y lo hará durante los próximos 2 años. Previsiblemente, eso irá en perjuicio de las Gigafactorías de Berlín y China.